Dante, Virgilio y Beatriz como símbolos

Dante, Virgilio y Beatriz: tres figuras de una tormenta existencial Juan C. Sosa Azpúrua

Dante Alighieri (1265 – 1321) fue un hombre atormentado, alguien que necesitó del viaje más alegórico de la literatura universal para redimirse consigo mismo y salvarse.

Siendo Joven fue un actor influyente de la política florentina, con un sólido sentido de patriotismo, que desarrolló antipatía por la figura del Papa y su contradictoria injerencia en las cosas materiales de este mundo. Esta irritación de Dante con el papado, tenía raíces cátaras. Aunque no podría establecerse una total coincidencia con el catarismo, Dante asimiló muchas de sus creencias y las hizo propias. La necesidad de purificación, a partir de diversas fases espirituales, que ulteriormente permiten alcanzar la inmortalidad, es un ejemplo de su influencia. Al igual que los cátaros, Dante aspiraba a otro tipo de cristianismo, uno que reivindicara sus genuinos valores morales y no que fuera una amenaza para la estabilidad de la región provenzal. Anhelaba que los divididos territorios itálicos, asediados por las luchas de poder entre clanes familiares y castas, se unieran como una sola nación: Italia.

Florencia comenzaba a respirar nuevos aires. La Edad Media estaba por terminar y el contacto con países del Mediterráneo fluía, dándose intercambios culturales con Asia y el Medio Oriente.

Dante fue riguroso con su intelecto. Conoció a fondo la filosofía Occidental y la Oriental. Tanto fue el impacto con culturas ajenas a la europea, que probablemente una de las influencias de Dante fue Abu Al-`Alá` Al-Ma’arri[1], un autor sirio que murió en 1058, doscientos años antes del nacimiento del poeta florentino (1265). Su epístola del perdón (Risalatu Al-Gufrán), guarda una enorme similitud con la Divina Comedia, obra que Jorge Luis Borges calificó como el mejor libro que la literatura ha alcanzado.

Risalatu Al-Gufrán es una realización iconográfica de la literatura árabe. Abu Al-`Alá` la escribió a su amigo Alí Ibn Masur Al-Hálabi (apodado Ibn Al-Qárih), dividiéndola en dos partes.  En la primera, el autor se imagina el viaje de su amigo al cielo, dando un paseo por los mundos de ultratumba, sobre un camello que habitaba en el Paraíso y cuyo cuerpo estaba formado de esmeraldas y perlas. Marchó sin rumbo, maravillado de las delicias que iba encontrando a su camino. Contempló el día del Juicio final y a la humanidad que estaba reunida allí de pie, presenciando las penurias que sufrían los castigados; así como la intercesión a favor de los bienaventurados y su perdón. Luego se enrumba para visitar al infierno, y durante su viaje se topa con muchos poetas y literatos. A los desventurados los increpa para conocer las razones de su condena, y todos responden al detalle. En la segunda parte de la obra, se concentra en las respuestas que le da a Ibn Al-Qárih sobre la Fe, el islam, la filosofía y la teología, entre otros. La obra de Abu Al-`Alá` Al-Ma’arri se tomó en su momento como un modelo de creación literaria en lengua árabe.

Obviamente, Dante también fue un lector asiduo de los clásicos griegos. El periplo de Ulises a Ítaca le hizo reflexionar sobre la naturaleza del viaje heroico, con todas sus implicaciones espirituales de pérdida, sufrimiento, aprendizaje y ulterior redención. Esta idea del viaje se fortaleció con su lectura de la Eneida, la cual tuvo particular impacto en su psique. Hubo de sentirse muy identificado con Eneas. Tenemos que recordar que las actividades políticas de Dante le causaron todo tipo de penurias, al punto que fue desterrado de Florencia, con su honor mancillado y un anhelo patriota de fundar una sola nación italiana.  Virgilio gozó de la Pax Romana y, siendo un protegido de César Augusto, supo plasmar en su obra un sentimiento nacionalista que para Dante era su propio sentir.

Pero este amor por la sabiduría y la política no fue el único que le sedujo. Los cantos tradicionales de la poesía trovadoresca, así como los poemas emblemáticos del Amor Cortés, como Tristán e Iseo; y demás cantos vinculados a las leyendas artúricas, alimentaron su alma. Tanto, que él mismo fue uno de los padres de lo que Bonagiunta da Lucca (extrayendo el nombre de la Divina Comedia; Purgatorio, canto XXIV, v. 57) denominó Dolce Stil Novo («Di qua dal dolce stil novo ch’ i’ odo»), para referirse a la obra del propio Dante, así como a los poemas de Guido Cavalcanti, Cino da Pistoia, Guido Guinizelli, Lapo Gianni, Guianni Alfani, Dino Frescobaldi, entre otros[2].

Los stil novistas cantaban su poesía en lengua vulgar – Dante usó el toscano para su Comedia -. Sus temas eran el amor y la mujer, con un entendimiento de la vida que rompe con los cánones del pasado, usando criterios individuales y originales, influyéndose de la retórica impartida en la universidad de Bolonia, especialmente las ideas de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino. El amor se transformó en conducto para elevarse espiritualmente.  Más que una relación amorosa conquistando a la mujer anhelada, lo que se buscaba era la constante tensión producida por lo inalcanzable. La perenne búsqueda de un ideal más allá de lo terrenal. La aparición de la mujer era considerada como un auténtico milagro, viene a transmitir en la tierra el milagro de la santísima trinidad. No hacían referencia alguna a sus esposos, como sí era el caso de los trovadores del amor cortés.  Ahora el amor es algo tan puro que facilita el fortalecimiento de la espiritualidad. La poesía amorosa funciona como una suerte de proceso de purificación. El amor es una abstracción que no tiene elementos autobiográficos.

Esta nueva concepción del amor afectó todo lo relacionado con la imagen de la dama.  La amada representa para los stil novistas la personificación de la divinidad en la tierra. El que está enamorado es un elegido que participará de la divinidad de la mujer, a partir de su mera contemplación. Y el amor solo pueden sentirlo los corazones nobles (cuor gentile). La mujer es un ángel, la donna angelicata, que conduce a los hombres a su salvación. Influidos por el surgimiento de la burguesía, los poetas se afincan el mérito del individuo. Y esta nobleza de corazón (gentilezza) no se transmite hereditariamente, no está vinculada al linaje. A partir de estos poetas, la nobleza ya no es de sangre, propia de una clase social. Se trata de otro tipo de nobleza, la del corazón. Es un sentimiento que trasciende las nociones del amor cortés y feudal.  La donna angelicata es una mujer sobrenatural y con solo depositar sus ojos en un hombre basta para hacer gentil su corazón. La única recompensa del amor es la virtud y la introspección.

Teniendo presentes estas influencias espirituales, intelectuales y poéticas, así como sus inclinaciones políticas, se hace evidente que las figuras de Dante, Virgilio y Beatriz son los símbolos salvadores en la Divina Comedia que usa el poeta para sobrevivir su propio terremoto existencial.

Dante sufrió la incomprensión de la sociedad, en la cual no encontraba materializados sus ideales existenciales.  Su espíritu chocaba con la rigidez eclesiástica, y soñaba con una nación donde el toscano fuera la lengua principal (nacional) y hubiera un solo territorio, gobernado con prudencia y sustentado con los valores auténticos del cristianismo. Al ser expatriado, sus raíces fueron arrancadas de tajo, y se vio expulsado a un mundo incierto, donde sus creencias tenían que ser replanteadas, incluyendo su entendimiento filosófico de la vida, sus sentimientos más íntimos, su concepción de todo.  Se trataba de un hombre que había tenido poder, que logró escalar a las posiciones más altas, para luego caer abruptamente, viéndose sometido al escarnio público y al rechazo social. Fue una tormenta de vida que le puso en confrontación directa con su mundo conocido, abriendo grietas en su espíritu, a través de las cuales se colaron las sombras más siniestras.

Esta turbación espiritual, clamaba por un elixir que le recordara su humanidad y le hiciera sentir que podía ser salvado. Y Dante tenía en su corazón una imagen que podía ayudarlo.

A los nueve años conoció a una niña de su misma edad llamada Beatriz.  Dice en la Vita Nuova:

“Nueve veces desde mi nacimiento había vuelto el cielo de la luz al mismo punto casi, en cuanto a su propio giro, cuando apareció ante mis ojos, por vez primera, la gloriosa señora de mis pensamientos, a quien muchos, aun no sabiendo cómo se llamaba, llamaron Beatriz. Apareció vestida de novilísimo color rojo suave y honesto, ceñida y adornada de la guisa que a su edad juvenil convenía. En aquel punto, digo en verdad que el espíritu de la vida que mora en la secreta cámara del corazón, comenzó a temblar con tal fuerza hasta que en mis últimos pulsos latía horriblemente, y temblando dijo estas palabras Ecce Deus fortior me qui veniens dominabitur mihi”[3]

El poeta menciona dos ocasiones en que la presencia de Beatriz lo marca profundamente. Esa primera vez a los nueve años y otra nueve años después. El amor de Dante por Beatriz es, como el amor cortés, un amor prohibido. Beatriz se casó con Simón de Bardi, viudo y banquero muy acaudalado. Para Dante se trataba de un amor inalcanzable, que desde el primer momento idealizó, bajo los parámetros de su poesía stil novesca.

Dante se casó con Gema Donatti, madre de sus tres hijos, y tuvo numerosas amantes. Pero su amor silencioso por Beatriz le causaba grandes conflictos internos, llenándole de sentimientos culposos.  Luego, la muerte de Folco Portinari, padre de Beatriz, le deja una grave impresión, provocándole una reflexión, que fue la génesis de la Divina Comedia:

“Necesariamente sucederá que Beatriz se muera alguna vez. Comencé a sufrir como una persona frenética y a imaginarla de esta manera: en un principio aparecieron unos rostros de mujeres desmelenados que me decían: ‘También tú morirás’. Y después de esas mujeres apareciéronme unos rostros de horrible aspecto, los cuales me decían: ‘Tú estás muerto’… Me parecía ver que había unas mujeres que iban desmelenadas por una calle maravillosamente triste, y parecíame que el sol se oscurecía y que las estrellas mostraban un color que me hacían creer que lloraban; y parecíame que los pájaros que volaban por el aire caían muertos y que nos espantaban grandísimos terremotos. Muy maravillado de semejante fantasía y con mucho espanto se me ocurrió que un amigo veníame a decir: ‘Qué ¿no lo sabes? Tu admirable dama ya ha salido de este mundo…’ Yo imaginaba que miraba el cielo, y me parecía ver multitud de ángeles, los cuales volvían hacia arriba y tenían ante ellos una nubecilla blanquísima… Entonces me parecía que el corazón donde había tanto amor me dijese: ‘Es verdad que muerta yace tu señora”[4].

El viaje existencial de Dante es una mezcla de sensaciones tormentosas, que lo empujaron a lo más profundo de su mente, donde encontró que sus creencias eran expulsadas por un volcán de confusión. Sus convicciones espirituales chocaban con la Iglesia Católica; los ideales políticos le fueron frustrados por su caída estrepitosa al oprobio de la deshonra, provocándole un exilio obligatorio que le arrancó sus raíces. Su fidelidad conyugal se ponía en entredicho por ese amor prohibido que anidaba en su corazón. Todo lo que sostenía su vida conocida hasta ese momento se volvió pedazos, y Dante quedó flotando en un vacío existencial frío y oscuro.

Beatriz, su imagen y las fantasías que le inspira, generan en él un ansia de trascendencia. Busca alguna luz externa que ilumine su intelecto, oscurecido por la pesadumbre. En ese limbo se conectó arquetípicamente con aquellos viajes de Ulises y Eneas que representaron una odisea espiritual, donde estos héroes sufrieron el infierno para lograr que sus almas mancilladas pudieran generar soplos liberadores; un final donde la honra regresa al hogar, y el hombre se regenera en todas sus dimensiones psíquico espirituales.  Pero se necesita, a los ojos del poeta, no solo el viaje, también la presencia del ángel redentor, la donna angelicata.

Dante ansiaba ese viaje, lo necesitaba para salvarse de su propia autodestrucción.  Entonces su mente debe haberle provisto de herramientas, acudiendo a su rescate. En algún lejano lugar de su conciencia deben haber resonado los ecos de Abu Al-`Alá` Al-Ma’arri en su viaje al Paraíso y los infiernos. También las luchas de Ulises contra los peores monstruos y tentaciones, en ese viaje de reencuentro con sus raíces. Y la determinación de Eneas, y su capacidad de salvar los peores obstáculos para fundar una nación. Y ante ese bombardeo de ansias y memorias, su corazón late al ritmo de los versos que le exigen la presencia de un ángel redentor, capaz de unir todas las piezas y armar el rompecabezas con una imagen de paz para su nueva vida.

Le viene la idea de plasmar ese viaje en una obra literaria. Por eso la Divina Comedia se inicia con un Dante víctima de sus propios tormentos, perdido en un bosque oscuro y asechado por tres fieras que son símbolos de sus culpas, demonios personales, sus pecados de incontinencia: lujuria (simbolizada por el puma), avaricia (representada por la loba demacrada y hambrienta) y la soberbia (bajo la figura del león altivo). ¿Cuántas tentaciones le hicieron pecar? ¿Por qué fue tan orgulloso durante su vida? ¿Será un fraude? … preguntas… auto flagelación que se hace Dante antes de penetrar el mismísimo infierno.

Dice Carl Jung, que “el símbolo es una expresión percibible por los sentidos de una vivencia interior”[5]. “Los símbolos son los hechos vivos de la vida (…) El intento de comprender los símbolos no nos confronta solo con ellos, sino también con el conjunto del individuo que produce símbolos.”[6].

Y entonces el poeta crea a un personaje con su propio nombre, una figura[7] que simboliza al alma pecadora en búsqueda de redención. Pero la figura creada por el poeta, no solo simbolizará al alma conflictiva de un hombre, sino que, tal y como lo señala Ángel Crespo, también será el mismo escritor que muchas veces se dirige a los lectores para hacer referencias históricas sobre su vida:

“El propio Dante, en cuanto tal, ha sido considerado como símbolo alegórico del hombre que busca su perfección espiritual por medio de Dios. Pero Dante no es sólo esto, sino también el propio escritor que se dirige repetidas veces a sus lectores y que, en la misma Comedia, recuerda momentos importantes de su vida y proporciona datos sobre sus antepasados. (…) Es pues un personaje tan vivo y complejo como los de Virgilio y Beatriz y, en realidad, como los demás del poema que, por el hecho de figurar en él, son tenidos por históricos en concepto de su autor, aunque algunos sean legendarios; error, fecundo poéticamente, en el que incurrían con frecuencia los hombres de su tiempo”[8].

La figura de Dante es protagonista de una obra que tiene que ser comedia y no tragedia, porque las tragedias no tienen finales felices.  ¿Pero se puede en penumbras encontrar el camino correcto? ¿Acaso Dante conocía el mundo de las almas penitentes y el de las almas condenadas?

Necesitaba de un guía para no perderse en el universo de ultratumba, alguien que conociera el infierno y también el purgatorio, un iluminado. La figura de Dante iniciará ese viaje de exploración. Y para iluminar las rutas el poeta crea un segundo símbolo, la figura de Virgilio, el sabio que trae consigo las antorchas. Virgilio se convierte así en símbolo del conocimiento, la guía de la razón. Virgilio, el poeta que unió al mundo de la Grecia Clásica con la Roma de César Augusto, para cantarle a los valores supremos de la existencia, a través del viaje fundacional de un héroe desterrado.

Virgilio, maestro del bello lenguaje: “Eres mi maestro” –exclamó Dante– “y mi autor, eres el único de quien he podido adoptar el noble estilo a quien debo el honor” (I, 85-87). Notemos este apóstrofe, pues nada ha sido escrito inútilmente. Este guía era un maestro del noble estilo, llamado también en aquella época lenguaje cerrado (…)

“Deberás seguir otra vía”, dice Virgilio, “si quieres salvarte. […] creo y pienso, pues, que para ti lo mejor consiste en seguirme. Y seré tu guía para sacarte de aquí hacia un lugar eterno, donde podrás oír los gritos desesperados, donde verás el duelo de las almas antiguas que gimen por la segunda muerte. Más allá, verás a aquellos que están contentos incluso en pleno fuego y que esperan alcanzar un día el coro de los bienaventurados” (I, 91 y 112-120).

Dante replicó: “Condúceme allí donde acabas de decirme, a fin de que pueda ver la puerta de san Pedro y a aquellos tan afligidos de los que me has hablado” (I, 132-135). Siguiendo a su guía paso a paso Dante penetra en el secreto: “Entonces partió y seguí sus pasos” (I, 136)”[9].

La figura de Virgilio, además de ser una alegoría a la sabiduría, para Ángel Crespo, representa también el símbolo del profeta y también del compañero, que en el camino siente emociones muy humanas.

“Se podría, en consecuencia, hablar de figuras y, en este sentido, Virgilio podría serlo del profeta que ilumina a los seguidores del arte poético el camino de la sabiduría. Hay que tener en cuenta, para comprenderlo, que una tradición patrística medieval asegura que su famosa Égloga IV es una profecía de la inminente venida de Cristo al mundo, en vista de lo cual se le tuvo por muchos como el último de los profetas y, por lo tanto, como el que gozó del privilegio, aun siendo pagano, de que su profecía cristológica estuviese separada de su cumplimiento por un espacio de tiempo más corto. Eso le dio una especial autoridad que, en ocasiones, se transformó en veneración e incluso en culto litúrgico. Creemos, por lo tanto, que esto, más aún que el «bello estilo» que dio honor a Dante, es lo que decidió a éste a elegirle para el papel de guía; y contribuye a confirmarnos en esta opinión, ya sostenida por algunos estudiosos, el hecho de que Estacio, en uno de los cantos del Purgatorio, declare que fueron las obras de Virgilio las que le encaminaron hacia su conversión legendaria, por supuesto, pero real para Dante al cristianismo.

No negamos con ello que haya en Virgilio aspectos de alegoría simple, pero creemos que su caracterización figural es aún más acentuada en cuanto predecesor del profeta que Dante quiere ser al escribir la Comedia.

Si en principio es Virgilio un personaje histórico, a lo largo de la acción de las dos primeras cantigas tiene una actuación que le caracteriza como un personaje de tipo realista, dada la adecuación de sus reacciones a las diferentes situaciones que se van presentando en la trama del poema, y que van desde la ternura y la paciencia hasta la ira, la inquietud e incluso el miedo. Su relación con Dante no es la fría y puramente racional de un personaje alegórico ni la lejana de una figura, sino la de un compañero experimentado y dispuesto siempre a ayudar, no sólo con consejos, sino con acciones (…)”[10]

¿Pero puede un alma aturdida, golpeada en su honra y presa de la soledad convocar a un gigante como Virgilio? Dante el poeta necesita darle coherencia a su historia, algún un elemento que cohesione la invocación de esa figura. Necesita otro símbolo, una tercera figura, un espíritu salvador que le provea del guía anhelado. Asegurarse que el viaje le permita a Dante encontrarse con su destino, los ojos de un ángel.  Y en esa mirada angelical estará el reflejo de Jesucristo, para que el alma redimida pueda unirse finalmente con el espíritu santo en una comunión definitiva.

Entonces Beatriz, su amada Beatriz, trasciende la memoria amorosa del poeta para ser plasmada como una figura de su Comedia. Simbolizará la belleza absoluta y el espíritu redentor, su teología salvadora.  Beatriz es la enviada de la Virgen María desde el Paraíso para invitar a Virgilio – que se encontraba en el primer círculo del infierno –  y hacerlo el guía de Dante.

La primera alusión a Beatriz en La Divina Comedia la hace el propio Virgilio cuando aparece en el Bosque Oscuro donde Dante está atormentado con sus pecados y le dice: Me hallaba entre las almas suspendidas/ y me llamó una dama santa y bella, / de forma que a sus órdenes me puse” (Canto II).

Y también para que sean sus ojos los que vea Dante cuando llegue al Paraíso. Por eso Beatriz recibirá el testigo del pagano Virgilio, cuando éste no pueda traspasar los límites del purgatorio. Por su amor y cercanía con Dios, Beatriz representa la belleza total y la salvación.

Dante se topa con Beatriz en el canto XXX del Purgatorio. Al desaparecer Virgilio, ella se convierte en la guía que lleva a Dante a su encuentro con Dios: ¡Mírame bien!, soy yo, sí, soy Beatriz, / ¿cómo pudiste llegar a la cima? / ¿no sabías que el hombre aquí es dichoso?

La celestial aparición de Beatriz hace que Dante vuelva al camino recto. Confiesa que se ha alejado de la Fe y se arrepiente frente a su donna angelicata, que tuvo que ser severa con él para lograr ese arrepentimiento.

Este encuentro limpia el alma de Dante y hace gentil a su corazón (cuor gentile), preparándolo para experimentar la dicha suprema.

“Beatriz está presente con Dante después de su purificación inicial representada en el purgatorio, y ahora, en el Paraíso como guía teológica, madre tierna, profesora disciplinada, la personificación de la Sapiencia. Es también, al fin de tanto, una representación de Jesucristo—un aporte asombroso de Dante en su análisis de hacia dónde pueden llevar los poetas el amor de una mujer en la tradición del amour courtois y il dolce stil nuovo en una esquema teológico y neoplatónico de una nueva estética propuesta y memorializado en la Comedia misma.

Beatriz es la figura de una mujer, a veces tierna como una madre, a veces es un político fuerte en afán militar como almirante, es también, una guía, el objeto de un amor que exhibe caritas, una maestra estricta, y, de igual manera, una mujer misericordiosa que no se dobla ante la desesperación de Dante.

Mientras tanto, ella instruye a Dante enciclopédicamente sobre la astronomía de las esferas, los poetas, los santos y teólogos, y sobre cómo funcionan muchas de los aspectos del universo y de la ciencia natural. Por ejemplo, explica las teorías de Avicenna sobre la formación del embrión humano, retomadas más tarde por Gil de Roma.) Pero, más que nada, sin embargo, Beatriz acompaña a Dante en sus vicisitudes y sus entrevistas en El Paraíso con Santo Tomás de Aquino, con San Buenaventura y otros Padres de la Iglesia quienes permanecen en El Paraíso.

Beatriz, acercándose a la entrega de Dante a San Bernardo, demuestra aspectos de Cristo mismo en Cantos XXII-XXIII del Paraíso. Es un aporte teológicamente escandaloso por parte de Dante en la confección de su estética cuando incorpora a Beatriz en la Santa Trinidad en su poema. En forma, pues, de blanca rosa se ofrecía a mi vista la milicia santa que Cristo con su sangre hizo su esposa; pero la otra (los ángeles), que volando Ve y canta la gloria de aquel que la enamora y la bondad que tan excelsa la he hecho, como un enjambre de abejas, que ora se posa sobre las flores, Otra se vuelve al sitio donde su trabajo se vuelve dulce miel, descendía a la gran flor que se adorna de tantas hojas, y desde ahí se lanzaba de nuevo hacia el punto donde siempre permanece su Amor. Todas estas almas tenían el rostro de llama viva, las alas de oro, y lo restante de tal blancura, que no hay nieve que pueda comparársele. (Paraíso XXXI, 1-36)

La tarea de Beatriz como responsable del poeta y alma de Dante encomendada por la Virgen María y parte de una multitud de otras mujeres como Lia, Matelda y Raquel, es de dirigir a Dante con cariño, disciplina, fuerza estricta y convicción hacia el difícil pero correcto camino de penitencia con el objeto de entregarlo a su próximo guía, San Bernardo, quien lo encaminará inefablemente hacia la Virgen María y a la unión mística con Dios. Dante habla en el Canto XXXI del Paraíso:

Yo, que acababa de pasar de lo humano a lo divino, del tiempo

 limitado a lo eterno, y de Florencia a un pueblo justo y santo

¿de qué estupor no estaría lleno? (Paraíso XXXI, 48-50)

Dante, que se ha apoyado en los buenos oficios de Virgilio, Beatriz, San Bernardo y la Virgen María ha cumplido su viaje”[11].

Pero Beatriz, además de figura de la Comedia, creada por Dante para un fin específico dentro de su obra, también debe considerarse en el mismo poema desde una óptica del personaje histórico que sí existió, la Beatriz de la vida real.

Ángel Crespo nos dice:

“Beatriz, en efecto, tiene algo de alegoría de la sabiduría teológica y es figura del alma bienaventurada que Dante aspira a ser; y es precisamente esta última característica la que nos induce a considerar en ella un carácter realista dentro de las coordenadas de la Comedia. Etienne Gilson, discutiendo en un contexto diferente del que ahora nos ocupa, observa que no hay obstáculo en considerar que la Beatriz histórica, es decir la Bice Portinari a la que Dante amó en vida, sea la sabia Beatriz que le conduce a través de las esferas celestes, puesto que desde el punto de vista católico un bienaventurado puede, por concesión especial de Dios, entrar en contacto con los vivos para instruirlos o amonestarlos.

Y, por la misma razón. no es preciso considerar que su capacidad de resolver las cuestiones teológicas e incluso algunas de carácter filosófico planteadas por Dante haga de ella una alegoría de la sabiduría divina o la teología, y ello porque, siempre de acuerdo con la fe católica, un bienaventurado lo es, entre otras cosas, por contemplar a Dios y, en consecuencia, hacerse partícipe hasta cierto grado de su Sabiduría.

Beatriz actúa, por lo demás, como los otros bienaventurados a los que Dante se dirige y que siempre resuelven sus dudas con caritativo amor y conocimientos que no están al alcance de los teólogos. La misma Beatriz dice a Dante que escuche a las almas bienaventuradas del cielo de la Lun a como si fuesen dioses, pues sus palabras no pueden desviarse del camino de la verdad. Y todo esto está muy de acuerdo con la misión profética que Dante se atribuye y que le relaciona íntimamente, en cuanto personaje de su Comedia, con Virgilio y con Beatriz: con el primero, en cuanto poeta capaz de profetizar, y con la segunda, en cuanto ella es la fuente principal de sus revelaciones relativas al reino de los cielos y, en todo caso, su guía a través del mismo, y ello sin dejar de ser el alma de la joven florentina a la que amó en vida y a la que siguió amando después de muerta.

Y es precisamente esta riqueza de facetas de los personajes de que estamos hablando la que los convierte en creaciones insuperables de la poesía de todos los tiempos, debido a que el tratamiento poético de que son objeto es capaz de unificar todos los aspectos citados en un todo perfectamente individualizado y convincente desde el punto de vista de la caracterización de los personajes épicos”[12].

A manera de conclusión, tenemos que estas tres figuras – Dante, Virgilio y Beatriz –  fueron creadas por Dante Alighieri siguiendo un propósito alegórico, que obliga a realizar análisis complejos. No solamente cumplieron el rol de alma atormentada buscando redención (Dante); símbolo de la sabiduría, guía, compañero y maestro (Virgilio); mensajera celestial, ángel, guía, confesora y redentora (Beatriz).

También esas mismas tres figuras fueron en la Comedia personajes reales, de carne y hueso, que existieron en períodos históricos específicos y cumplieron en ese mundo papeles significativos: Dante: como poeta y político. Virgilio: influyendo en la vida de una nación – el poeta de César Augusto que escribió La Eneida–   y en la narrativa de la Iglesia Católica, como el profeta que vio con mucha anticipación la venida de Cristo. Beatriz: como la donna angelicata que cautivó el corazón de Dante, el poeta.

Se trata de un simbolismo que toca la fibra de la historia y tiene implicaciones políticas y religiosas muy sugestivas, sirviendo de Parodia para la sociedad medieval y sus instituciones.

Pero lo esencial es que Dante, Virgilio y Beatriz fueron las tres figuras principales que creó un hombre atormentado, para viajar hasta lo más helado del infierno; luego ascender por las siete gradas del Purgatorio y finalmente “volar” los cielos hasta el Empíreo, donde el amor resplandece para encontrarse con Dios.

Un viaje que más que alegórico es existencial.

Culminado el trayecto, no tenemos cómo saber si el humano pesar de Dante -el poeta- fue aliviado con el viaje de su otro Dante, esa figura simbólica que protagoniza la Divina Comedia.

Lo que sí podemos afirmar, sin temor a dudas, es que el Dante de carne y hueso, al igual que su figura en la Comedia – sí alcanzó la Inmortalidad con ese viaje.

Y nosotros le estaremos eternamente agradecidos. JCSA

[1] Ver: https://kenanmalik.wordpress.com/2011/04/25/old-atheist/

[2] Apuntes de clase de JCSA sobre Literatura Medieval; curso impartido en la Escuela de Letras de la UCAB por el profesor Einar Goyo. También: https://en.wikipedia.org/wiki/Dolce_Stil_Novo

[3] He aquí un Dios más fuerte que yo, el cual viniendo me dominará.

[4] Ver: http://www.elarcaimpresa.com.ar/elarca.com.ar/elarca41/notas/dante.htm

[5] JUNG, Carl G. Escritos sobre la espiritualidad y la trascendencia. Editorial Trotta. 2016. Pág. 63.

[6] Ídem. Págs. 70 -71

[7] Leamos ahora lo que dice Ángel Crespo en su libro “Dante y su obra” (El Acantilado. 1999. Pags.110-111) del concepto de “figura”:

“Para entender rápidamente el concepto de “figura”, pensemos en Isaac conducido al monte por su padre para ser sacrificado por orden de Dios, y llevando a hombros la leña con la que ha de encenderse la hoguera sacrificial. Un cristiano no puede dudar de la historicidad de lo narrado en Génesis, xxii, pero lo que nos importa desde el punto de vista simbólico es una serie de coincidencias entre esta historia y la pasión de Cristo. Ambos, Isaac y Jesús, suben a un monte conducidos por su padre (Dios Padre, en el caso del segundo) para ser sacrificados por deseo del Altísimo y llevando a hombros, uno la leña, el otro la cruz, en los dos casos la madera sobre la que ha de ser ofrecido y consumado el sacrificio.

Y lo es interpretado por la exégesis medieval en el sentido de que Isaac es figura de Cristo. No importa que el resto de la vida del patriarca no guarde un paralelismo tan claro como el indicado con la de Cristo: para ser figura de alguien o de algo basta con un acto o una circunstancia lo suficientemente claros como para que se pueda fundamentar esta especie de paralelismo. Los medievales leían el Antiguo Testamento como un conjunto de alegorías y figuras (…)

A partir de aquí, comprenderemos dos cosas fundamentales: la primera es que todos y cada uno de los personajes que aparecen en la Comedia son citados, no por el conjunto de sus vidas, sino por un acto o circunstancia que los convierte en figura de algo o de alguien, sobre todo de alguien; y en segundo lugar que, para el caso, lo mismo pueden ser citados personajes bíblicos, que históricos en sentido profano o pertenecientes a la historia mítica pagana. (…)

Claro está que la figura es una forma de alegoría, pero notablemente distinta de la que podríamos llamar típica, entre otras cosas porque los personajes de ésta son invenciones de los poetas, mientras las figuras son personajes reales, histórica o literariamente, en los que el poeta descubre la característica que les permite serlo.

Digamos, además, que mientras la alegoría típica es una invención pagana, la figura es una creación puramente cristiana y, para Dante, que fue su máximo perfeccionador, relativamente moderna”.

[8] Ídem. Pág. 122-123

[9] Ver: http://www.arsgravis.com/?p=185

[10] Ídem Págs. 120 -121

[11] MILLER, Katherine. Biblioteca –“Florentino Idoate, S.J.” Ver: http://abaco.uca.edu.sv/downloads/varios/Beatriz.pdf

[12] Ídem. Págs. 121-122

 FUENTES consultadas para ensayo:

Libros

  • Dante’s Divine Comedy with Illustrations by Gustav Doré– Charwell Books, Inc. 2010.
  • “Eneida”. Ediciones Cátedra. Novena edición. 2004.
  • “Odisea”. Editorial Gredos. 1era. Edición. 2014.
  • CRESPO, Ángel. “Dante y su obra”. Ediciones El Acantilado.
  • ELIADE, Mircea. “Mitos y realidad”. Editorial Kairós. Sexta edición. 2013.
  • AGAMBEN Giorgio. “Profanaciones”. A. Hidalgo Editora. Cuarta edición. 2013.
  • JUNG, Carl G. “Escritos sobre espiritualidad y trascendencia”. Editorial Trotta. 2016.
  • Apuntes de clase JCSA 2016-17. Profesor Einar Goyo. Literatura Medieval. Escuela de letras. UCAB

 Pginas y blogs en Internet

https://soundtrackcotidiano.blogspot.com/

https://literaturamedievalucab.wordpress.com/

https://kenanmalik.wordpress.com/2011/04/25/old-atheist/

http://www.laserpblanca.com/borges-la-divina-comedia-siete-noches

http://abaco.uca.edu.sv/downloads/varios/Beatriz.pdf

https://www.belelu.com/2013/04/405379/

http://bit.ly/2kdpXNP

http://bit.ly/2kAkuSl

http://bit.ly/1pRtHA5

http://prodavinci.com/2010/04/08/artes/la-belleza-que-salvo-a-dante/

https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero28/rayuela.html

https://www.britannica.com/event/Pax-Romana

http://redhistoria.com/biografia-de-cesar-augusto-el-primer-emperador/

http://www.arsgravis.com/?p=185

Liszt: Dante Symphony, III: PARADISO- Barenboim/Berliner Philarmoniker

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Comentario de Linda Sue Grimes / Traducido por Juan Carlos Sosa Azpúrua

El amor que Dante sintió por Beatriz nunca fue de naturaleza adúltero y tampoco el tipo de amor masoquista, donde una persona sufre por alguien que no le corresponde.

Beatriz, y la idea de Beatriz, representa un ideal espiritual para el poeta, un hecho que está suficientemente demostrado en su Paraíso, en donde Beatriz sirve de guía a Dante en el cielo, tal y como el poeta Virgilio le sirvió de guía en el Infierno.

El poder del símbolo de Beatriz se puede inferir por el hecho de que al poeta le fue presentada una persona llamada Beatriz solamente dos veces durante el transcurso de su vida: la primera vez, cuando tenía nueve años de edad; y posteriormente cuando contaba con dieciocho años.

A partir del segundo encuentro con Beatriz, el poeta señaló lo siguiente: “Ella me saludó, y tal fue la virtud de ese saludo que me pareció experimentar la más elevada de las dichas”. Aunque esta fue la segunda ocasión en que se encontró a Beatriz, fue la primera donde la dama le dirigió la palabra, lo cual le causó un estado de euforia.

El poeta afirma en la “Vida Nueva” que la sensación de semejante alegría le sobrecogió y sintió que estaba dando vueltas. Tuvo que correr hacia su cuarto, fuera de las miradas del público para poder contemplar la gracia del maravilloso ser que acababa de encontrarse.

A partir de ese momento, Beatriz se transformó y conservó para Dante como un impulso inspirador de fuerza vital y amor a lo largo de toda su carrera de escritor.

 Ver también: 

LISZT~Dante Symphony S.109 HD Complete *ft. Gustave Doré Scenic Storyline* Complete

DANIEL BARENBOIM plays LISZT Sonata (1979)

Liszt: Dante Symphony, III: INFERNO- Barenboim/Berliner Philarmoniker

Liszt: Dante Symphony, II: PURGATORIO- Barenboim/Berliner Philarmoniker

Philarmonikermphony, III: PARADISO- Barenboim/Berliner Philarmoniker

Dante & Beratrice – The Spirit of Love

LA DIVINA COMEDIA – DANTE ALIGHIERI – Se narra el libro con las imagenes de GUSTAVE DORÉ y escenas de la película “El Infierno”de Francesco Bertolini (1911)

Ilustraciones de Gustave Doré – La Divina Comedia de Dante

Dante-Doré y Rachmaninoff (Música de su ópera “Francesca di Rimini”)

Película completa y subtitulada: “El Infierno” (La película más antigua que existe sobre Dante – 1911-, de Francesco Bertolini) )

Bibliografía sobre La Divina Comedia de Dante / Recopilación por Juan C. Sosa Azpúrua:

  • Divine comedy: Hell, purgatory and paradise. Editado y con introducción de Anna Amari – Parker (With ilustrations by Gustave Doré). Chartwell Books Inc. New York, NY 2010.
  • The divine comedy of Dante Alighieri: Hell, Purgatory, Paradise; translated by Henry F. Cary. The Harvard classics, edited by Charles W. Eliot. New York: P.F. Collier & Son, 1909–14. Vol. 20, of 51.
  • Divine Comedy In English: A Critical Bibliography, 1901-1966. Gilbert F. Cunningham. BARNES & NOBLE, INC.; First Edition edition (1967)
  • Dante Alighieri. The Divine Comedy. Translated, with a commentary, by Charles S. Singleton. (Bollingen Series, 80). 3 vols. in 6. Princeton: Princeton University Press, 1970–1975.
  • Schulze Altcappenberg, Hein–Th., et al. Sandro Botticelli: The Drawings for Dante’s Divine Comedy. London: Royal Academy of Arts, 2000.

 

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5 comentarios en “Dante, Virgilio y Beatriz como símbolos

  1. Interesante, aunque no siempre satisfactoria la selección de links y videos que recopilas, estos últimos, con todo respeto, son francamente cursis, pero lo que mas me preocupa es la evasión pertinaz del tema central: la simbología de Beatriz. Me queda como acopio que admites la tesis más sencilla: Beatriz es la musa principal, la inspiración del poema. ¿Es así? Y ¿qué hacemos con todo el aparato imaginario, teológico, simbólico-numérico y poético que Dante estructura alrededor de su figura femenina? ¿No merece la pena siquiera una especulación personal? Estoy seguro de que tienes suficiente bagaje de lecturas para haberla sustentado…

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    1. Los videos son muy cursis (Estoy totalmente de acuerdo) , pero lamentablemente es el único material que conseguí en youtube; si revisas te darás cuenta que no hay más nada. Con respecto al tema central de Beatriz, lo traté en el ensayo global que te envié el fin de semana. Como verás, allí lo desarrollo completamente. Aquí, simplemente puse la tesis de Linda Sue Grimes, (NO LA MÍA) como un aperitivo, esperando colgar mi ensayo, una vez sea corregido por ti. Este material que puse aquí no es de mi autoría. De una vez colgaré el ensayo, para que la tesis se vea completa. Veré si el formato de blog lo permite. Un abrazo.

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  2. Los videos son muy cursis (Estoy totalmente de acuerdo) , pero lamentablemente es el único material que conseguí en youtube; si revisas te darás cuenta que no hay más nada. Con respecto al tema central de Beatriz, lo traté en el ensayo global que te envié el fin de semana. Como verás, allí lo desarrollo completamente. Aquí, simplemente puse la tesis de Linda Sue Grimes, (NO LA MÍA) como un aperitivo, esperando colgar mi ensayo, una vez sea corregido por ti. Este material que puse aquí no es de mi autoría. De una vez colgaré el ensayo, para que la tesis se vea completa. Veré si el formato de blog lo permite. Un abrazo.

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