Dante como personaje y la figura femenina.

DANTE

El narrador de la divina comedia es vivencial (protagonista) ya que es Dante quien nos conduce a la obra. Conviene distinguir a Dante real, el poeta que escribió la Divina Comedia, del Dante ficticio (es decir, el que interviene en la obra), que es a la vez narrador y protagonista. Al ser un relato en primera persona se accede directamente a las emociones del protagonista y eso facilita también el conocimiento de su proceso de purificación espiritual. De esta manera, el lector se siente próximo al personaje, con lo cual el Dante viajero se convierte en un símbolo de la humanidad descarriada que debe encontrar el camino hacia la salvación del alma. En su tránsito por los tres reinos Dante irá experimentando transformaciones profundas en su comprensión intelectual y espiritual del universo, hasta alcanzar el goce supremo del estado contemplativo, que es la máxima aspiración del cristiano. La Divina Comedia es una alegoría continua donde todo es un símbolo, este personaje simboliza el alma humana, la selva obscura, donde se pierde, el pecado, las tres fieras que lo asaltan, la envidia, la lujuria y la ira. 

Como viajero por una tierra desconocida, Dante es acompañado por sucesivos guías que son también sus maestros en el viaje poético (Virgilio y Estacio) y en el de la fe (Matelda, Beatriz y San Bernardo). Sólo ellos pueden llevar al hombre, al pecador, hacia la alta meta que sigue: el proceso de purificación espiritual exige una ayuda externa y es ése el papel que desempeñan estos acompañantes. Los cambios de guía indican las etapas más importantes del camino recorrido: por eso, se producen a la entrada en el Paraíso terrenal y al final del camino por el Paraíso, cuando ya sólo queda pasar al Empíreo para la contemplación divina. En la primera, se hace libre el albedrío del caminante y en la segunda su alma abandona la esclavitud. Es obvio el doble nivel de significados que hay, en el que también participa la figura del propio Dante como viajero y poeta. Así, los cinco guías (Virgilio, Estacio, Matelda, Beatriz y San Bernardo) representan otros tantos grados en el proceso de formación y perfeccionamiento de Dante, que le llevará hasta la contemplación divina.

Dante Alighieri fue un hombre letrado, comprometido con la situación política que se vivía en su época, filósofo y poeta. Gran parte de la riqueza cultural que posee la Edad Media lleva su nombre. No se conformó con aceptar la situación política de su patria, sino que a través de sus obras reivindicó un mundo diferente, basado en las personas. Gracias a él, no sólo conocimos el ambiente florentino e italiano del siglo XIV, sino que nos introdujo en el pensamiento cristiano y musulmán y recuperó para nosotros las obras maestras de la Antigüedad Clásica, desembocando en el posterior éxtasis renacentista. Es un artista cuya obra y persona han perdurado impregnados en la Historia durante siglos y lo seguirán haciendo durante muchos siglos más, es por esto que se elige a si mismo como personaje de su obra. 

Pero el dato más importante para el desarrollo de la figura de Dante es la muerte de su amada Beatriz en 1290, un hecho que dejó a Dante totalmente destrozado y que le derrumbó mentalmente. Sin embargo, fue en este momento cuando el autor abandonó el ambiente cerrado del Stil Nuovo que seguía hasta aquel entonces y se abrió a otros campos en la literatura.

BEATRIZ

La descripción de Beatriz, una de los tres personajes principales de la obra, evidencia cómo en el medioevo la construcción de la mujer (cuando no representaba los deseos sexuales del hombre) elaboraba una construcción metonímica de una idea abstracta. Y, si en La Divina Comedia todos los protagonistas son alegorías del fin de la experiencia terrena de Dante y de su iniciación en la contemplación de la Divinidad –él mismo personifica al católico penitente y Virgilio quien recuerda a un maestro que lo dirige en el viaje entre las pasiones humanas—en la heroína, su carácter simbólico es más fuerte al ser convertida en la representación de dos ideas abstractas: la belleza y la salvación (por amor y cercanía con Dios).

El poeta florentino se encuentra con Beatriz en el canto XXX del Purgatorio. Luego de la desaparición del el autor de La Eneida, ella se convierte en la directora del viaje y supone el encuentro de Dante con Dios: “¡Mírame bien!, soy yo, sí, soy Beatriz,/ ¿cómo pudiste llegar a la cima?/ ¿no sabías que el hombre aquí es dichoso?”. Ayudado por la celestial aparición , Dante vuelve al camino recto, luego de confesar que se ha alejado de Dios y su arrepentimiento frente a la mujer piadosa limpiará, al final, su alma.

Lo que parece arbitrario de la figuración de Beatriz hecha por Dante es la equiparación de la belleza de la mujer con la salvación del alma mortal. Su mismo nombre proviene de la palabra latina “beatrix”, que significa beatificadora o dadora de bienaventuranzas.

De hecho, la primera alusión a Beatriz en La divina comedia la hace el propio Virgilio cuando aparece en el Bosque Oscuro y le dice a Dante: “Me hallaba entre las almas suspendidas/ y me llamó una dama santa y bella,/ de forma que a sus órdenes me puse” (Canto II). La cita evidencia que el principal atributo de Beatriz, además de estar libre de toda culpa –no como Virgilio a quien ella misma tiene que sacar del limbo, o primer círculo del infierno—, es su apariencia física. La mujer cuyo nombré será sinónimo de rectitud y el objeto de amor perfecto es adorada por su aspecto físico.

Amar a Beatriz, en la cosmogonía de Dante, era subyugarse a su belleza y, a través de este proceso, acercarse al amor de Dios.

A primera vista parece que este personaje está más cerca de la figuración católica de María, la madre de Jesús, que de Venus, la diosa de la belleza clásica; pero no podía escapar a Dante, admirador del clasicismo antiguo como era –según prueba la inclusión de Virgilio como personaje en La divina comedia— que antes que él, los griegos habían depositado en la diosa Afrodita –equivalente a la romana Venus— los atributos de belleza y amor divino. Y si no hizo alarde expreso de esto es porque en su época tal pensamiento hubiera sido considerado una herejía, ocupada como estaba a Iglesia Romana Católica proclamar la virginidad de María*, que entre otras cosas serviría para quitar la sexualidad remanente del culto pagano, estrechamente unido a la concepción de la naturaleza que tenían las religiones politeístas antiguas.

Según Camile Paglia, en su libro Sexual personae: arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson (1990), Dante no sólo identifica el principio femenino con la generosidad emocional, usando como vehículo al concepto abstracto de “belleza”, sino que al hacer esto ejemplifica el principio de la Grecia Clásica en el cual el artista era dominado por la persona hermosa como si fuera una obra de arte.

Sobre Beatriz, el poeta impuso un personaje hierático, construido para sólo recibir su amor platónico, pues el placer sexual estaba vetado del discurso religioso de la época. Por eso, la imagen de la heroína aparece removida de toda sexualidad, atributo convertido en pecado por las religiones monoteístas, pues otras figuraciones teológicas o filosóficas lo entienden como base de la perpetuación de la especie.

La imagen dantesca de la heroína beatificadora, por cierto, se parece a la figura del kouros; el joven griego y asexuado de la Atenas antigua, cuya belleza radica en no haber alcanzado aún el desarrollo sexual. Ello es evidente también en La nueva vida(1293), obra en la cual Dante describe la primera vez que vio a Beatriz, cuando ninguno de los dos había llagado a la década de vida:

“Cuando apareció por vez primera ante mis ojos la gloriosa dama de mis pensamientos, a quien muchos llamaban Beatriz, en la ignorancia de cuál era su nombre, había transcurrido de su vida el tiempo que tarda el estrellado cielo en recorrer hacia Oriente la duodécima parte de su grado y, por tanto, aparecióseme ella casi empezando su noveno año y yo la vi casi acabando mis nueve años. (…) Temblando, dije estas palabras: Ecce deus fortior me, veniens dominabitur mihi [He aquí un Dios más fuerte que yo: viniendo me dominará]”.

De esta manera, la imagen de la bella Beatriz, desprovista de todo atributo sexual (aunque representara la belleza) estaba bastante separada de los atributos del género femenino, al ser utilizada para simbolizar la salvación y la belleza, desde que era preadolescente, es decir, antes de hacerse una mujer. De esa manera, Dante no cae en el pecado de desear a otro ser humano más que a Dios: un atributo que sería la base del misticismo, una inclinación religiosa en la cual  la adoración a Dios tendría sus ejemplos más radicales.

Por: Jhonnairys Hernandez.

Referencias:

http://prodavinci.com/2010/04/08/artes/la-belleza-que-salvo-a-dante/

http://www.tramayfondo.com/actividades/vii-congreso/las_diosas/downloads/garcia-davila-david.pdf

http://www.biografiasyvidas.com/monografia/dante/divina_comedia.htm

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