El imaginario de la naturaleza en Dante -De la Selva Oscura a la Divina Foresta

Con un pequeño margen de error, Ángel Crespo afirma que La Divina Comedia fue empezada por Dante Alighieri en el año 1307. En esta misma introducción a la obra, escrita por el poeta español, también ensayista, crítico de arte y traductor nos aproxima a las fechas de entrega de Infierno: 1312, Purgatorio: 1315 y Paraíso poco antes de morir. De esta misma edición, traducida por Crespo, describiremos el imaginario de la naturaleza desde De la Selva Oscura a la Divina Foresta, cantos contenidos en las dos primeras partes de la obra. María Alejandra Colmenares escribirá una nota sobre el imaginario natural en el Infierno y Gabriela D’Albano en Purgatorio.

INFIERNO

Iniciando el Canto l, Alighieri, quien es protagonista y narrador en primera persona del recorrido, describe el emprendimiento de viaje en la mitad de su vida (se calcula que en la treintena). Dice encontrarse en una selva oscura, “salvaje, áspera y fuerte” (…) “es tan amarga que algo más es muerte” (1 p.). “Más tras llegar al cerro que subía / allí donde aquel valle terminaba / que con pavor a mi alma confundía, / al mirar la cumbre, vi que estaba / vestida de los rayos del planeta” (Ídem). “El cerro suele ser interpretado como un símbolo de elevación espiritual” (5 p. Nota 18). La Selva Oscura podría ser una metáfora de confusión, en donde la penumbra esconde a quien pronto será su guía en la travesía. Antes de este encuentro, sale a su paso un leopardo, que según las notas de Crespo, “es una figura simbólica muy propia, no sólo de la poesía medieval, sino de toda la poesía simbolista. (…) el leopardo es un símbolo de lujuria, vicio que al parecer fue el primero que Dante apartó de la virtud.” (Ídem; Nota 33). Más adelante, ha de toparse con un león, “símbolo de la violencia o de la soberbia” (Ídem, Nota 47). Cuando el día aclara y se eleva el Sol con las estrellas, Dante se encuentra con una loba, que en la nota 49 se explica: “La <loba> parece, en términos generales, un símbolo de la incontinencia, de los deseos violentos y de la avidez de riquezas, es decir, de la codicia”. Pronto será el momento en que Dante reconozca a Virgilio en medio de la oscuridad y éste lo apadrine en el viaje.

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En el Canto ll, ambos se encuentran a Beatriz, quien es descrita con dulzura y se exalta su belleza, creación hermosa de Dios, “delicia vera”.

El Canto lll describe cómo Virgilio lleva de la mano a Dante hacia el Vestíbulo del infierno, donde se encuentran acumulados los que en vida fueron indiferentes con el “bien y el mal”. Sus querellas son comparadas con una ventisca de arena. En sus caras hay sangre “y caía a sus pies, mezclada al llanto, / do molestos gusanos la chupaban.” (18 p.). A la orilla del río, ven a Carón, viejo que con un remo empuja a las almas desnudas y temblorosas a un bote, donde las traslada entre lugares inciertos e  incómodos.

Los cantos lll y lV terminan e inician respectivamente con un trueno granate que trasladó a Dante y a Virgilio en una proa, en el valle donde se encuentran las almas no bautizadas, que sufren sin martirio por no haber sido adoctrinados por el cristianismo. Las imágenes naturales que podemos ver, son las de un valle oscuro y nebuloso, ánimas de pálido rostro. Por una causa similar, Virgilio, Homero, Horacio y Ovidio, vagan perdidos. Compara a Homero como “un águila que a las otras sobrevuela” (21 p.). Junto a ellos se movía y se dirigían a un escenario luminoso, con un castillo de 7 muros (“Según Pedro, el hijo de Dante, representarían a las partes de la filosofía: física, metafísica, ética, política, economía, matemáticas y dialéctica [24 p; nota 107]).

El infierno es representado por Alighieri como un cono invertido, cuyos círculos se hacen de menor tamaño en el descenso. En el Canto V, descienden un nivel y se encuentran un una multitud de almas que se revuelven una tras otra, como un mar que muge y comparado con una borrasca infernal que no reposa. En este viento tormentoso se desplazan las almas lujuriosas como una bandada de aves aturdidas..

El Canto Vl, en el tercer Círculo, nos encontramos en una lluvia perpetua que nunca varía en su fuerza, además de gruesa y maloliente. Ahí habitan los pecadores por gula, custodiados por el Cerbero, que es un can de tres cabezas, hijo de Tifeo y Equidna, guardián de los infiernos y mencionado por Virgilio en la Eneida (P. 34, nota 13).

Antes de acceder al Círculo lV, se enfrentan a Pluto, que grita “¿Papé Satán, papé Satám, aleppe!”, lo que su hijo tradujo como “¡Oh, Satán, oh Satán, príncipe de los demonios!” (40 p., nota 86). A esta bestia la apacigua Virgilio con un gesto. Después de estar entre avaros y pródigos, atraviesan un canal de agua negra, llamada la laguna Estigia (nombrada como la hija de Tetis y Océano, según Hesíodo). En su barro balbucean las almas, golpeándose la cabeza y las manos torpemente.

En el Canto Vlll, los personajes, a través del Mar de la Sabiduría, se enfrentan a Flegias, personaje mitológico incendiario, quien cuida del infierno fogoso donde habitan los iracundos. Se describe una muralla de hierro que contiene el fuego eterno. En las notas de Crespo, leemos que los “Llovidos del cielo” son ángeles caídos y demonios (45 p. nota 68). En la transición al siguiente canto, Virgilio y Dante hablan del recorrido previo que hizo el maestro. Al pantano no pueden entrar sin sentir ira, para entonces en la cima de la torre contemplan a las tres Furias: Erinnias, Megera y Tesifo, que escandalosas llevan puestas culebras de crin y quienes según Pedro Alighieri representan los arrepentimientos (50 p.). Virgilio cubre los ojos de Dante y les superan en el camino para salir del Estigia. Al llegar a tierra firme, contemplan un cementero con losas removidas y tumbas incendiadas de donde se oyen lamentos. Allí se encuentran los herejes. En el décimo primer Canto se describe el siguiente nivel, repleto de vapores y rodeado por tres círculos escalonados. En la Riba de los Pedruscos, Crespo en su nota 50 ( 61 p.) hace la referencia de cómo Sodoma fue castigada por Dios con una lluvia de fuego, que se compara con los pecados de los que aquí habitan: malos, incontinentes y bestiales. De salida, nos hallamos en un lugar alpestre, como una ruina de Trento, en un valle por el cual pasa cercano un río de sangre hirviendo. En el escenario vemos un gran foso arqueado y a lo lejos una hilera de centauros que corrían armados que interrogaron a los viajeros; a esto Virgilio contesta que sólo darán explicaciones a Quirón, maestro de Aquiles. Un curioso detalle es que las huellas de los muertos no se marcan en el suelo, pero sí la de los vivos, como Dante. También es clave el hecho de que los centauros tengan naturaleza hombre—caballo, lo que los inclina a acciones más salvajes, que se compaginan con quienes resguardan.

infiernodedante

El canto Xlll tiene muchísimas imágenes naturales. Este bosque es descrito con colores oscuros, ramas enredadas, frutas letales y fieras odiosas. Allí habitan las Arpías con alas y rostro humano, garras y plumas. Vemos que un árbol endrino le grita a Dante, lo cual es una humanización importante de la que se establecerá un diálogo.

En el Canto XVlll, hay en el infierno, un lugar llamado Malasbolsas, de piedra ferrugienta, con forma esférica donde hay varios fosos donde apretadas están las almas de los rufianes y de los seductores. Los siguientes elementos naturales más destacados están en la Bolsa lV, de Los Adivinos: “Yo me hallaba dispuesto mientras tanto / y el descubierto foso contemplaba / que era bañado de angustioso llanto / por el redondo valle caminaba, / cual de una procesión al paso lento, / gente que iba llorando y callaba. (…) Llorando, sí, en las rocas me apoyaba.” ( 107 p.) y en la siguiente página se describe un lago que yace en la alta Italia, al pie del Alpe llamado Benago. Ahí fue fundada una ciudad llamada Mantua conmemorando a la “virgen cruda”.

En el Canto XXVII, según Crespo, el animal que muge al inicio, es el toro de cobre que hizo para Falárides, tirano de Agrigento, en Sicilia (nota 12, 149 p.) y que Dante hace una comparación sonora con los sonidos lastimeros en la Octava Bolsa, de los Malos Consejeros.

Más adelante, en el Canto XXXI, El Pozo de los Gigantes, veremos a unos gigantes que Dante confunde con torres a lo lejos. También usa la niebla como metáfora cuando su error de confundir a los gigantes por torres se disipa, entonces crece su temor por ellos. “Es verdad que hizo bien la Naturaleza cuando abandonó el arte de crear semejantes animales para quitar pronto a Marte tales ejecutores; y si ella no se arrepiente de producir elefantes y ballenas, quien lo repare sutilmente verá en esto mismo su justicia y su discreción; porque donde la fuerza del ingenio se une a la malevolencia y al vigor, no hay resistencia posible para los hombres”.

Veremos un lago de hielo, donde los traidores están congelados, pero conscientes en el Canto XXXII. Dante compara el hielo a sus pies con el cristal, “ni el Danubioem Austria durante el invierno, ni el Tannais allá, bajo el frío cielo, cubren su curso de un velo tan denso como el de aquel lago.” Dante está horrorizado de nuevo, esta vez a causa del frío y por ver rostros amoratados. Este frío le hará perder la sensibilidad en el rostro, según dice en el Canto XXXIII, sin embargo, logra sentir una brisa desde el lugar al que irá junto a Virgilio. También se presenta la metáfora de la mala fruta, de Fray Alberigo: “Soy aquel, cuyo huerto ha producido tan mala fruta que aquí recibo un dátil por higo”. Este personaje estaba enemistado con sus parientes. Un día fingiendo reconciliarse con ellos, les invitó a un gran banquete y en el momento de servirse los postres, les hizo asesinar. De ahí viene el proverbio italiano: “Ese ha probado la fruta de Alberigo.

PURGATORIO

El purgatorio en la Divina Comedia de Dante Alighieri es representado como una montaña y esta alberga siete círculos, correspondidos a los pecados capitales y las almas pecadoras residen en su respectivo círculo. A diferencia del infierno, los círculos del purgatorio aparecen de manera ascendente y se dividen de la siguiente manera:

  1. El primer círculo pertenece a los soberbios, estos están condenados a llevar enormes rocas en sus espaldas que los obliga a caminar encorvados, ya que su soberbia los hacía sentir grandes.
  2. En el segundo circulo se encuentran los envidiosos, las almas condenadas en este círculo tienen los ojos cocidos y su vestimenta los hace indistinguibles del suelo, de esta manera no tendrán nada que ver ni envidiar hasta que su interés se enfoque en Dios.
  • El tercer círculo es el de los iracundos, habitan entre una espesa nube de humo, más oscura que el propio infierno.
  1. El cuarto círculo es el de los perezosos, su condena es correr sin parar para expiar lo perezosos que fueron en la vida terrenal.
  2. En el quinto círculo habitan los avariciosos, estos se encuentran con las manos y pies atados y el rostro pegado al suelo, ya que en vida lo único que ansiaban eran bienes terrenales.
  3. El sexto círculo pertenece a los golosos, su condena es no poder tocar los árboles que los rodean, los cuales están cundidos de manjares.
  • En el séptimo circulo están los lujuriosos, aunque se dividen en dos grupos (los sodomitas y los insatisfechos) ambos tienen que atravesar una inmensa pared de llamas.

Las condenas impuestas a las almas en estos círculos son maneras de expiar los pecados en las almas culpables.  Quienes logran entrar al purgatorio, son marcados con la letra “P” en la frente, esta letra es borrada una vez que logran expiar su pecado y los hace acercarse más al jardín del Edén.

El jardín del Edén se encuentra en la cima del Purgatorio, aquí en la Foresta Divina, las almas viven en un estado de inocencia y purificadas para poder ascender al cielo. En este lugar,  Dante conoce a Matelda, quien lo prepara para su encuentro con Beatrice, quien simboliza el camino de Dios.

La Foresta Divina o Divina Foresta comienza en el canto XVIII de purgatorio hasta el canto XXX del mismo. Los siguientes extractos representan el imaginario de la naturaleza en esta segunda parte de la Divina Comedia:

Por recorrer sentíame impaciente

la divina floresta espesa y viva,

que amortiguaba al día renaciente,

y, sin pensarlo más, dejé la riba,

yendo por la campaña a paso lento,

que una fragancia exhala que cautiva.

  • Así comienza el canto XVIII de purgatorio, con la entrada de Dante al jardín del Edén.

Allí el camino un río me cortaba

que, con sus parvas ondas, blandamente

a la izquierda las hierbas inclinaba.

  • Estos versos se refieren al rio Leteo.

Aquí Leteo, y por el otro lado

Eunoe tiene por nombre y no labora

si aquí y allí primero no es gustado:

su sazón es de todas vencedora.

  • En la mitología griega el río Leteo se encuentra en el infierno, pero Dante eligió situarlo en el Jardín del Edén. Este río hace olvidar sus culpas a quien bebe sus aguas, mientras tanto el río Eunoe es una invención de Dante y quienes beben de sus aguas pueden reavivar los recuerdos de sus buenas acciones.

Y allí lucían con matiz distinto,

En siete bellas listas, los colores

de que sol a sol hace el arco y Delia el cinto.

  • Estos son los colores del arco iris, a Dante recuerda las escenas descritas en el Apocalipsis iv.3 y en Ezequiel I.28 y las utiliza para basar la escenografía del canto XXIX en ellas, en conjunto con el halo de la luna, que es Delia.

Los siete como el grupo delantero

iban vestidos, pero sus guadejas

no rodeaba el lirio lisonjero,

sino rosas y flores más bermejas:

vistos de lejos, yo habría jurado

que ardían por encima de las cejas.

  • Las flores representan un símbolo de la caridad, mientras que los lirios son símbolos de la fe y la fronda verde representa la esperanza.

Cuando el coro se encontró a mi lado

Se oyó un trueno, y aquella gente digna

Paró con las insignias que he nombrado,

cual si andar les vedase una consigna.

  • El trueno significa la actuación directa del mismo Dios, de acuerdo con varios pasajes del Antiguo Testamento.

Ceñido por la fronda de Minerva,

no la hacía del todo manifiesta,

pero majestuosa, aunque proterva.

  • La fronda de Minerva se refiere al árbol de olivo, el cual fue inventado por esta diosa.

La naturaleza en el purgatorio de Dante simboliza tanto elementos bíblicos como algunos de la mitología griega, basándose en hechos mitológicos y pasajes específicos del Antiguo Testamento (Apocalipsis iv.3 y Ezequiel i.28, por ejemplo). Es válido pensar que las alegorías al Antiguo Testamento comienzan a aparecer con más frecuencia en la Divina Foresta porque Dante cada vez está más cerca del cielo, más cerca de Beatrice, quien lo espera después de la procesión simbólica para ascender con él al cielo. La Divina Foresta es la entrada al cielo y  por esto, su naturaleza abundante y pura simboliza la divinidad del camino de Dios: el cristianismo.

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Fuentes:

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Un comentario en “El imaginario de la naturaleza en Dante -De la Selva Oscura a la Divina Foresta

  1. Buen esfuerzo, pero faltó de método. A la enumeración hecha en el Infierno, hubiera preferido concentración en los pasajes donde destacan las imágenes de la naturaleza, con un análisis de su elementos y su procedencia simbólica. El sentido de la investigación no era contabilizar sino describir e interpretar. Estos dos últimos objetivos se quedaron un poco lejos. En el Purgatorio mejora la parte descriptiva, pero no entiendo porque obviaron los demás paisajes de la montaña, previos a la llegada al Paraíso Terrenal. Igualmente falta un análisis más profundo de las imágenes. Es necesario revisar la redacción del texto que tiene algunos gazapos de incorrección.

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