Canto XXVI: El Canto de Ulises

Dante y Virgilio viajan por el octavo círculo del Infierno, donde se encuentran los consejeros de fraude. Dante continúa sus reflexiones sobre los cinco ladrones mencionados en el canto anterior, quienes hacen, entre otros habitantes más de Florencia, de la ciudad un sitio recordado, famoso en todo el mundo por lo que ocurre y quienes obran dentro de ella.

Una vez que menciona a Prato y le dedica unas cortas palabras, Dante cruza con su maestro el puente sobre la fosa donde arden los condenados. A su paso nota que de la llama que arde debajo de ellos se puede visualizar a Ulises y Diomedes, que sufren un mismo castigo. Dante le solicita a Virgilio esperar a que la llama se les acerque para escuchar de Ulises su historia. El maestro aceptó con la condición de que le dejase hablar a él, pues Ulises y Diomedes eran griegos y por esto podría imperar una prepotencia característica de su cultura hacia Dante y sus inquietudes. Virgilio entonces le pide a Ulises que cuente su razón para estar en esa fosa. Y Ulises le responde narrando sus viajes y la forma en que murió en el mar.

Lo interesante al comienzo de este canto es cómo Dante hace un distanciamiento a la ventaja que el ingenio puede representar como virtud, en su caso como poeta y maestro de la palabra, con respecto al reconocido talento que Ulises poseía para navegar y viajar, para la aventura, muy bien demostrados y expuestos en la Odisea de Homero. Se separa de esa alabanza que puede costarle desvaríos en su vida, como los tuvo Ulises por «ardiente deseo que yo tuve de conocer el mundo, sus vicios y las virtudes de los humanos» (Dante, 1304-1308: 94).

Dentro de lo que cuenta Ulises es importante rescatar su corto discurso a sus compañeros del navío en que viajaba, para que estos no desistiesen en medio de la travesía y continuasen animados hasta el final:

«¡Oh hermanos, dije, que habéis llegado al occidente a través de cien mil peligros!, ya que tan poco os resta de vida, no os neguéis a conocer el mundo sin habitantes, que se encuentra siguiendo al Sol. Pensad en vuestro origen. Vosotros no habéis nacido para vivir entre brutos, sino para alcanzar la virtud y la ciencia». (Dante, 1304-1308: 95).

Canto XXVI, La Divina Comedia (2).jpg

Por este y otros consejos fraudulentos, disfrazados bajo la astucia que les caracterizó en vida, Ulises y Diomedes están condenados en la llama de la fosa. El no quedarse en tierra, en Ítaca, junto a su esposa Penélope, es también razón de su castigo.

La poca atención y dedicación en extensión de palabras con respecto a este encuentro entre Dante y Ulises demuestra la poca presencia y referencia que se hacía de este personaje en la cultura y los textos de la Edad Media. No sería retomado y considerado con vital importancia sino hasta el Renacimiento, de la mano de Luís de Camões en su Os Lusíadas, una vez que La Odisea fuese redescubierta en su versión griega original.

Andrés Vielma.

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Un comentario en “Canto XXVI: El Canto de Ulises

  1. Revisaste el ensayo dantesco sobre este Canto escrito por Borges? El sugiere otra teoría para esta condena. La del escaso conocimiento de la obra homérica no parece muy firme pues Homero disfruta del limbo, y Platón y Aristóteles están constantemente citados a lo largo del poema.

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