Los orígenes del grial en la literatura medieval: de Chrétien de Troyes a Robert de Boron

INTRODUCCIÓN

Debido a las diferentes y múltiples aproximaciones que se han hecho al Grial, es evidente que para la mayoría de los lectores se dificulta la ubicación concreta de su origen literario. El nombre del compositor alemán Richard Wagner aparece, y con razón, casi siempre que se evoca el Grial, pero esto en detrimento de su origen medieval. Existen así variadas aproximaciones al objeto —algunas bastante extravagantes— desde la Edad Media hasta nuestros días (1). Pero para acercarse al “verdadero” Grial debemos partir de la única certeza que tenemos y abordarlo ante todo como un mito, en el sentido más primario del término; dicho de otra forma, no se debe olvidar que el Grial es una creación de la literatura, y específicamente, de la literatura medieval. En la mayoría de los relatos medievales que tienen como temática el Grial, este misterioso objeto es abordado como un mito, en la medida en que se convierte en una imagen lancinante cuya posesión, al final de una larga sucesión de aventuras y desplazamientos, confiere sentido al mundo del héroe; así, no solamente el objeto sino también su búsqueda, adquieren una dimensión mítica. Desde esta perspectiva, la dimensión mítica que conferimos al Grial va en el mismo sentido en que se deben abordar los mitos literarios medievales; se trata de formas complejas encarnadas por objetos como el Grial —o inclusive por personajes como Carlomagno, Arturo, Tristán, etc.— cuya dimensión mítica se basa esencialmente en la multiplicidad de sus manifestaciones; el mito medieval podría entonces comprenderse como “un relato, una imagen, un conjunto de relatos o de imágenes por los cuales una sociedad expresa sus interrogaciones y sus terrores para remodelarlos en certezas” (Boutet 93). Sin embargo, se debe recalcar una y otra vez, el Grial no existe fuera de la literatura. El Grial no es un objeto real. La única posible búsqueda del Grial es la lectura de los textos que lo evocan. Este artículo constituye, por lo tanto, una invitación para partir a la búsqueda del origen del Grial como mito literario medieval.

       Para acercarnos a los orígenes literarios y medievales del Grial, nos vamos a centrar en dos momentos fundamentales: por un lado, el inicio y, por otro, el desarrollo de la temática del Grial, un acercamiento a textos franceses escritos a finales del siglo XII y comienzos del XIII.

CHRÉTIEN DE TROYES: EL PRECURSOR

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Los orígenes no literarios del mito del Grial son desconocidos: liturgia bizantina, folclor celta, tradiciones orientales, etc. (Zink 91). Toda tentativa de aportar alguna luz en este sentido está condenada a permanecer en las sombras de la Edad Media. Sin embargo, los orígenes literarios del objeto en cuestión son perfectamente conocidos: Le Conte du Graal de Chrétien de Troyes, texto escrito hacia 1180-1191.

       Chrétien de Troyes, el autor medieval francés más leído y más estudiado por la crítica moderna, es considerado como el primer novelista francés; su obra narrativa se caracteriza por tratar el destino de un héroe que, una vez que logra un objetivo por medio de la realización de hazañas caballerescas, pierde lo que ha alcanzado y debe encontrar de nuevo dicho objetivo, pero ahora bajo otra identidad. No en vano todos los títulos de sus obras narrativas hacen referencia a seres humanos: Erec, Cligès (en los textos epónimos), Ivain (Le Chevalier au Lion), Lanzarote (Le Chevalier de la Charrette), excepto Le Conte du Graal cuyo título alude a un objeto inanimado.

       Le Conte du Graal tiene como protagonista en su primera parte a Perceval, un joven rústico cuyo aprendizaje de la cortesía y la caballería ocupa los primeros episodios. Perceval es criado en el bosque por su madre para protegerlo de los peligros del ejercicio de la caballería; sin embargo, un día encuentra a unos caballeros en el bosque, se deja llevar por la aventura y su deseo de convertirse en caballero y, a pesar de los ruegos de la madre, se aleja sin importarle que esta caiga desmayada.

Luego de varios encuentros (uno decisivo con el rey Arturo quien de forma curiosa lo “hace” caballero), Perceval llega al castillo del inválido Rey Pescador y es testigo de un enigmático cortejo: un joven sale de una habitación llevando una lanza de cuya punta se desprende una gota de sangre, el joven es seguido por otros dos que llevan candelabros de oro fino, seguidos a su vez por otro personaje que lleva un “grial” (en minúscula).

Una doncella llevaba un grial entre sus manos

Este “grial”, que parece ser un recipiente hondo y ancho, es de oro y está adornado con piedras preciosas. Del grial se desprende igualmente una gran luminosidad. Finalmente, aparece otra doncella que lleva una bandeja. El cortejo atraviesa varias veces la sala del castillo (mientras Perceval y su anfitrión comen) y entra en una habitación contigua. A pesar de su curiosidad, Perceval no formula las preguntas que se pasan por su cabeza (recuerda las recomendaciones que le han hecho para que no hable demasiado): ¿por qué sangra la lanza?, ¿a quién se sirve con el grial?, ¿qué contiene el grial? Sin embargo, el narrador confiere al silencio de Perceval una importancia capital:

“Se calla más de lo que conviene”

Las potenciales preguntas son fundamentales, pero Perceval decide esperar para formularlas al día siguiente antes de irse; cuando se despierta a la mañana siguiente ya es demasiado tarde: el castillo está completamente desocupado y no encuentra a nadie a quien formular las preguntas que tanto lo intrigaron.

       La escena del Grial se basa en el principio del enigma —el héroe es testigo de un cortejo cuya significación no comprende— pero al mismo tiempo se encuentra en ella un germen para su futura significación: la lectura del texto y del Grial desde una perspectiva cristiana. En efecto, después de su estadía en el castillo del Rey Pescador, Perceval obtiene información de personajes que encuentra en su camino y que van dando pistas sobre el Grial y el universo que lo rodea.

       Al inicio Perceval se encuentra con una doncella (que resulta ser su prima), quien al enterarse de que él pasó la noche en el castillo del Rey Pescador, le pregunta si vio “el” grial (es importante señalar la presencia del artículo definido pues demuestra que el grial es un objeto conocido, excepto para Perceval). La doncella afirma que si el joven caballero hubiera formulado las preguntas que lo intrigaban, el inválido Rey Pescador se hubiera curado. Como hasta el momento el joven caballero ignora su propio nombre, la doncella le pregunta cómo se llama, y él, misteriosamente, lo adivina: “Perceval, el Galés”, pero la doncella se lo cambia inmediatamente por “Perceval, el Desafortunado”, pues no fue capaz de formular las preguntas al rey. El descubrimiento del nombre por parte del héroe, después de más de 3000 versos, es ya un estado más avanzado en su propia búsqueda personal que había comenzado con el deseo de convertirse en caballero. Más adelante, Perceval regresa a la corte del rey Arturo donde es reconocido como el mejor entre los caballeros; sin embargo, este regreso glorioso es opacado por la “doncella fea”, quien lo insulta por no haber formulado las preguntas al Rey Pescador, y anuncia igualmente nuevos desastres producidos por el silencio de Perceval. Ante los ataques de este misterioso personaje, el caballero promete no descansar.

“Hasta que sepa a quién se sirve con el Grial,
hasta que encuentre la Lanza que sangra
y se entere de la razón por la cual sangra”

A partir de aquí, es importante anotar que el Grial y la Lanza no son el objetivo final de la búsqueda jurada sino más bien la información que se relaciona con ellos: a quién se sirve con el Grial y por qué la Lanza sangra. De todas formas se plantea así la importancia de la búsqueda, noción fundamental para todo caballero andante (que generalmente va en búsqueda de aventuras profanas a través de las cuales pueda mostrar sus calidades caballerescas que lo harán digno del amor de la dama; Yvain en el Chevalier au Lion se constituye en uno de los mejores ejemplos); lo que cambia aquí con respecto a la tradición de la caballería andante es que la búsqueda está desde ahora relacionada con un conocimiento, y no con unas pruebas relacionadas con la fuerza física y el amor, como sucede en el esquema del amor cortés o fin’amor (Marchello-Nizia).

       Luego de cinco años de vida errante, en la que pone a prueba su valentía pero sin acordarse de Dios, un Viernes Santo, Perceval se encuentra con otro cortejo: un grupo de penitentes que lo llevan donde un ermitaño (quien resulta ser su tío) que, además de confesarlo, le proporciona más informaciones, al tiempo que confirma que el silencio de Perceval ante el cortejo del Grial y la Lanza se debe a que él causó la muerte de su madre al abandonarla. La culpa aparece entonces como una noción importante. El nuevo tío de Perceval afirma la naturaleza cristiana y sagrada del Grial pues éste sirve para llevar un alimento espiritual al padre del rico Rey Pescador.

“El santo hombre se sostiene y fortifica su vida
con una simple hostia que le traen en ese grial”

       Este “santo hombre” es hermano de la madre de Perceval, y por lo tanto el rico Rey Pescador es su primo. De esta forma, Perceval pasa de ser un personaje solitario (solamente acompañado por la madre) a descubrir una compleja historia familiar, y además obtiene respuesta a uno de sus interrogantes: a quién se sirve con el Grial. Aunque no aparecía como una pregunta fundamental, también se obtiene la respuesta de la utilidad del Grial que se presenta como una especie de copón.

      Luego de estas explicaciones, el ermitaño amonesta a Perceval, le recomienda que se acerque a Dios y le da la absolución. Enseguida, el narrador declara que no se hablará más de Perceval pero que más adelante se regresará a él; sin embargo, el lector no vuelve a encontrar a Perceval, pues el texto se centra en adelante en las aventuras de Galván, el sobrino del rey Arturo, antes de interrumpirse por completo. Por lo tanto, el misterio del Grial y su relación con Perceval quedan sin respuesta.

       En efecto, Le Conte du Graal quedó inacabado a causa, muy seguramente, de la muerte de su autor. Que el texto haya quedado inconcluso determinó finalmente el triunfo del mito del Grial y al mismo tiempo el de sus continuaciones. De hecho, el texto, y en particular la escena enigmática del cortejo, van a dar lugar a una vasta gama de relatos que los retoman y los siguen, algunas veces de forma bastante cercana, otras veces alejándose del modelo.

       ¿Cuál era la intención de Chrétien de Troyes con respecto al Grial? En realidad, lo que se pueda afirmar a este respecto es especulación debido a la naturaleza inacabada del texto. Sin embargo, desde que Perceval es consciente de su falta al no haber formulado las preguntas salvadoras, va a ser igualmente consciente de su función primordial como caballero andante: la búsqueda. Así el Grial se convierte, desde el primer texto que lo presenta, en un símbolo de plenitud ya que encontrarlo es como encontrar las respuestas a sus propios interrogantes (Szkilnk 83).

       Queda entonces pendiente la naturaleza del objeto en cuestión. La palabra ‘graal’ es un nombre común que nada tiene de misterioso para el auditorio francés del siglo XII. La etimología de la palabra se deriva del latín ‘gradalis’; también está presente en el occitano antiguo ‘gradal’ (occitano moderno: ‘grazal’) donde hace referencia a una especie de vasija o recipiente. ¿Pero por qué un objeto en apariencia común, nada enigmático sino más bien banal, da el título a toda la obra? La sorpresa del público al cual iba dirigido el texto tuvo que ser grande al escuchar que el título hacía referencia a un simple plato hondo y no a un héroe caballeresco, como era costumbre, pero en la medida en que el Grial desplaza al nombre del héroe en el título de la obra, es evidente que para el autor este recipiente tenía una importancia capital, más allá del simple objeto al cual hace referencia. Sin embargo, el Grial como símbolo conserva todo su misterio en este texto.

       En los versos que sirven de prólogo, el narrador dedica su trabajo a Felipe de Alsacia, conde de Flandes, personaje histórico cuya familia está implicada en las cruzadas; su padre Teobaldo de Alsacia participó en la segunda cruzada en 1148 y llevó de Tierra Santa a Brujas (en 1150) algunas gotas de la “sangre de Cristo”, recogida, según leyendas apócrifas, por José de Arimatea durante la Pasión. Felipe participó en la tercera cruzada donde murió durante el sitio a San Juan de Acre el 1 de junio de 1191. En el prólogo de Le Conte du Graal el narrador compara a Felipe con Alejandro Magno (quien sirve habitualmente como parangón de largueza y proeza en la literatura medieval); sin embargo, Felipe es superior a Alejandro, pues además de la proeza posee la caridad. Aquí encontramos una pista que nos permitiría interpretar el texto desde una perspectiva cristiana.

Dios es caridad, y el que vive en la caridad,
según el escrito de San Pablo donde lo leí con mis propios ojos,
vive en Dios y Dios en él
(2)

       El autor parece insinuar aquí que Felipe, su mecenas, es capaz de entender la obra porque posee la caridad. Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos si el tema de Le Conte du Graal es la caridad. No debe olvidarse que la incapacidad que tiene Perceval para reconocer el sufrimiento ajeno (en especial el sufrimiento de la madre) le impedirá formular las preguntas por medio de las cuales sanaría al Rey Pescador, cuyo sufrimiento Perceval no fue capaz de percibir. Además, no olvidemos que el Grial sirve para llevar una hostia, es decir, desde una perspectiva cristiana, representa consuelo para el que sufre.

       Así mismo, es importante mencionar en este sentido la alusión al “libro” que, según el narrador, el conde Felipe le procura y que está a la base de la escritura misma; recordemos en efecto que la intención de Chrétien es “Rimar el mejor cuento que haya sido contado en corte regia. Se trata del cuento del grial, del cual el conde le dio el libro”.

       Muchas han sido las interpretaciones de este misterioso “libro”: ¿se trata en efecto de una versión anterior de la historia o quizás de un pergamino, un soporte, en el cual escribir el texto? Desde un punto de vista metafórico, el conde es aquel que procura la semilla, que da el libro, es decir que proporciona todos los elementos necesarios para su germinación: el conde de Flandes sería al mismo tiempo fuente y destinatario de la obra (Szkilnik 16). La ambigüedad del texto permite infinidad de interpretaciones. No obstante, lo que sí es claro es que en Le Conte du Graal el objeto identificado como el “grial” no ha sido erigido todavía en ese cáliz sagrado que los textos posteriores han popularizado, del ciclo de Lancelot-Graal en el siglo XIII a la ópera Parsifal de Richard Wagner en el siglo XIX.

       Para la completa cristianización del Grial, es necesaria la aparición de nuevos textos que consoliden esa dimensión sagrada apenas insinuada en el texto de Chrétien de Troyes.

EL EVANGELIO SEGÚN ROBERT DE BORON

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Le Roman de l’Estoire dou Graal de Robert de Boron (escrito antes del año 1200) se constituye en una etapa primordial para la consolidación del Grial como un símbolo cristiano. Para contar su versión del Grial, Robert de Boron opta por una dimensión “histórica” ya que se aleja del texto de Chrétien de Troyes, que muy probablemente conoció, y en vez de continuar o tratar de resolver los enigmas allí planteados, se remite al momento primordial cristiano para establecer de forma concreta el origen y la significación del objeto; de esta forma el contexto espacio temporal de Le Roman de l’Estoire dou Graal está constituido, ya no por el universo artúrico, sino por la pasión y la muerte de Jesús. Robert de Boron se propone entonces contar la muerte y la resurrección de Jesús desde un punto de vista un tanto diferente con la intención de integrar allí el surgimiento del Grial. Empleando un tono adoctrinador, la narración comienza con la falta de Adán y Eva, continúa con la pasión, muerte y resurrección de Jesús, haciendo énfasis en algunos pasajes: el intento de Pilatos para salvar a Jesús, el papel activo que tuvo José de Arimatea para bajar el cuerpo de la cruz y colocarlo en su tumba, la captura de este por los judíos, la aparición de Jesús a José en la prisión y la entrega del “vaso”, la liberación de José (después de quince años en prisión) y la constitución de una pequeña hermandad de poseedores y guardianes del Grial.

       Es importante tener en cuenta que, desde un punto de vista medieval, José de Arimatea es un personaje “histórico” debido a su presencia en algunos de los Evangelios, lo que confiere al relato de Robert de Boron una dimensión de realidad histórica fundamental (ausente en Le Conte du Graal) al integrarse en las Escrituras, fuente y modelo de la Historia humana para los clérigos medievales. José de Arimatea es también la figura central en algunos evangelios apócrifos que fueron traducidos al francés antiguo, lo que demuestra que era un personaje conocido entre los clérigos.

       Al volver a contar la historia de Jesús a través de episodios más o menos canónicos presentes en los evangelios, Robert de Boron se focaliza en pequeños detalles que van hilando la “historia oficial” con los nuevos elementos relativos al Grial. Por ejemplo, cuando los judíos apresan a Jesús, el narrador se fija en un detalle en apariencia anodino:

“Había en la casa de Simón un vaso muy hermoso
con el que Cristo celebraba el sacramento,
un judío lo encontró, lo tomó y lo guardó,
mientras que Jesús era sacado de allí y llevado ante Pilatos”

De esta forma el autor planta la semilla del Grial, que florecerá en su debido momento. La opción del autor es por lo tanto clara: no hay lugar para ambigüedades alrededor de la forma del objeto: se trata de un ‘veissel(3), es decir un vaso, que posteriormente va adquirir una importancia capital. Así, el enigma presente en Le Conte du Graal con respecto al recipiente es remplazado, en Le Roman de l’Estoire dou Graal, por la certeza: se trata del recipiente que Jesús utilizó para establecer la Eucaristía.

       El Grial se convierte en una reliquia del cristianismo ya que es presentado como el vaso de la Última Cena, pero también como un recipiente destinado a cumplir otra función igualmente digna, pues Pilatos le entrega el vaso a José, quien al bajar a Jesús de la cruz y limpiar el cuerpo, se da cuenta de que la sangre todavía brota de las heridas.

“Entonces fue corriendo rápidamente a tomar el vaso
y lo puso allí donde la sangre brotaba pues le pareció
que las gotas de sangre que caían dentro
estarían mejor allí que en cualquier otro lugar”

Así se da el paso para la invención del Grial como recipiente de la sangre de Cristo. Su doble dimensión de objeto de vida y de muerte le confiere un aura de reliquia aún más importante, estando lejos del recipiente que sirve solamente para llevar una hostia.

       Al limitarse a una historia (“Estoire”) del Grial, Robert de Boron elimina de su relato la lanza que sangra, las preguntas, y el cortejo mismo, ya que en su versión no hay lugar para los misterios. En efecto, en Le Roman de l’Estoire dou Graal, Jesús en persona (convertido por primera vez en personaje literario), después de su resurrección, ofrece el Grial a José de Arimatea, encarcelado por los judíos, quienes creen que éste hizo desaparecer el cuerpo de Jesús para propagar la “mentira” de la resurrección. En la prisión fría y oscura aparece Jesús y entrega a José el Grial.

Arrojó sobre él tanta claridad
que la prisión quedó toda iluminada

La gran luminosidad que se desprende del recipiente coincide con una de las propiedades del Grial de Chrétien. Igualmente, Jesús confirma la importancia del objeto y su dimensión hereditaria.

En tu poder tendrás el símbolo de mi muerte,
serás su guardián y aquellos a quienes tú quieras confiarlo
serán también sus guardianes”

       Ya no es la cruz sino el Grial el símbolo de la muerte de Jesús. De esta forma, el Grial se convierte en una especie de puente entre el hombre y la divinidad, al mismo tiempo que José de Arimatea es erigido en el eslabón que une al Grial con la humanidad. Del mismo modo, Jesús sugiere la creación de una especie de hermandad de guardianes de la reliquia, hecho que será fundamental para el desarrollo de la literatura del Grial en el siglo XIII. Por esta razón el texto de Robert de Boron es primordial para la constitución de los ciclos artúricos en prosa del siglo XIII, pues sirve de eslabón entre la obra de Chrétien de Troyes y el llamado ciclo de Lancelot-Graal o Vulgata artúrica; en efecto en La Queste del Saint Graal, la aventura suprema consistirá en la búsqueda del Santo Grial, concebido ya completamente como el cáliz de la Última Cena.

       En el texto de Robert de Boron, el Grial, además de desprender una gran claridad, también posee poderes maravillosos; por ejemplo, José de Arimatea, completamente olvidado en la prisión durante 15 años, es mantenido en vida gracias al Grial, lo que recuerda la hostia que en Le Conte du Graal preservaba la vida del viejo rey. El Grial se convierte así en un símbolo de la gracia divina, relacionado con un alimento espiritual.

       Una vez liberado de su prisión, José reúne una pequeña comunidad alrededor del Grial; a pesar de la presencia simbólica de José, algunos miembros de dicha comunidad siguen cometiendo el pecado de la lujuria y por lo tanto la hambruna cae sobre ellos como un castigo; a partir de un esquema bíblico, que recuerda la historia de Moisés, José implora a Dios, pero dirigiéndose al Grial. La voz del Espíritu Santo propone una prueba, en forma de ritual, para separar a los justos de los malvados: José debe hacer construir una mesa, su cuñado Bron debe pescar un pez; el vaso, cubierto con un lienzo, se debe colocar en el centro de la mesa y a su lado el pez; José debe sentarse en el lugar que ocupaba Cristo durante la Última Cena, y el lugar a su derecha, que ocupaba Judas, debe permanecer vacío. Todos los que creen en la Trinidad, es decir, los elegidos, vienen a la mesa y “Obtuvieron sin tardar la dulzura y la plenitud en sus corazones”, mientras que los otros, los falsos creyentes, no pueden participar de la gracia divina. Los pecadores piden que se les informe cómo llamar ese vaso que estaba en el centro de la mesa; Petrus, uno de los elegidos, responde: Quien quiera nombrarlo correctamente, deberá llamarlo Grial pues ninguno lo verá, eso creo, sin que le sea agradable”.

       Yuxtaponiéndose a la denominación instaurada por Jesús, el nombre que Petrus otorga al vaso hace énfasis en la dimensión benéfica del Grial en la medida en que éste no proporciona solamente un bienestar físico sino sobre todo espiritual. En efecto, Robert de Boron busca establecer una relación entre el objeto mismo y sus propiedades a través de la etimología: el verbo ‘agreer’ (satisfacer o agradar), por su sonoridad cercana a la palabra ‘Graal’, revelaría la naturaleza profunda del objeto. El Grial representa entonces una aceptación, una buena acogida por parte de la divinidad a la mesa de la salvación. Esta (falsa) etimología aleja por completo al Grial de Robert de Boron del recipiente común, aunque un tanto sagrado, que designaba en el texto de Chrétien de Troyes. Además, el Grial parece obtener desde ahora una función de cáliz litúrgico que se acentúa con la presencia del pez, símbolo de la hostia. En este sentido, una de las últimas intervenciones de la voz divina tiende un puente hacia Le Conte du Graal de Chrétien de Troyes al indicar el origen del Rey Pescador: “Aquellos que quieran nombrarlo deberán llamarlo por su verdadero nombre: el Rico Pescador”.

       Aquí se hace referencia a Bron quien se convierte en el guardián y depositario del Grial después de José de Arimatea, en la medida en que es el encargado de pescar el pez e igualmente de guardar el vaso.

       Al final del relato, Bron parte con sus hijos hacia el Occidente, hacia los “valles de Avalón”, y lleva con ellos el Grial. El linaje de los guardianes se establece de esta manera y, hecho fundamental, comienza el desplazamiento del Grial de Oriente a Occidente.

CONCLUSIÓN

Es imposible determinar cuál es el origen no literario del mito del Grial. No obstante, se hace evidente que los elementos enigmáticos presentados por Chrétien de Troyes en Le Conte du Graal (especialmente el Grial y la Lanza) reclamaban una identificación casi “natural” con elementos propios del cristianismo, en una época (finales del siglo XII y principios del XIII) marcada por el surgimiento de reliquias cristianas inventadas durante las cruzadas. Así mismo, estos objetos, cuyas características y funciones son bastante disímiles, parecen poner en evidencia un sincretismo entre mitos y leyendas celtas y tradiciones cristianas, relacionadas con el relato de la pasión de Cristo, probablemente reactivadas durante las cruzadas. Cualquiera que sea el “verdadero” origen del Grial, los dos textos que hemos presentado muestran dos perspectivas diferentes: mientras que Chrétien de Troyes opta por una dimensión simbólica, Robert de Boron escoge una dimensión histórica. Sin embargo, al unirse, estas dos perspectivas confieren espesor al Grial y establecen las bases para el gran desarrollo que va a tener esta temática a partir de las diferentes continuaciones, variaciones, adaptaciones que constituyen en esencia la literatura del Grial.

       En efecto, es evidente que una gran cantidad de obras narrativas, tanto en verso como en prosa, producidas entre la segunda mitad del siglo XII y mediados del XIII en el norte de Francia, tienen la ambición común de “contar sobre el Grial”; es así como a partir de Le Conte du Graal de Chrétien de Troyes, Le Roman de l’Estoire dou Graal de Robert de Boron cristaliza e inaugura la práctica literaria de la reescritura, en el contexto del Grial, en una época marcada por un gusto extremo por la reformulación textual y la modulación de las intrigas (Combes 6). Desde este punto de vista, el Grial, objeto de transformaciones ficcionales, se presenta como el emblema de una concepción de la escritura asociada a un trabajo constante de reelaboración. El estudio del tema del Grial en este trabajo se proyecta en esta dimensión, pues intentamos comprender su origen y posterior desarrollo como una manifestación de la reescritura, práctica fundamental en la literatura medieval. Así, podemos concebir el Grial ante todo como una máquina textual, es decir, como un pretexto para la producción casi infinita de otros textos sobre el Grial, como lo demuestra la profusión de “novelas del Grial” a partir de un relato inacabado como el de Chrétien de Troyes.

_______

*Doctor en Literatura y Civilización Francesas de la Edad Media. Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris III. El presente artículo deriva del proyecto de investigación: “Estudio preliminar y traducción del francés antiguo de Le Roman de l’Estoire dou Graal de Robert de Boron” y se enmarca dentro de las actividades del grupo de investigación Estudios de literatura medieval y renacentista (Universidad de Antioquia-Universidad Nacional de Colombia).

  1. En los últimos años se ha hablado mucho del mito del Grial. Particularmente la novela de Dan Brown El código da Vinci (2003) y su (desafortunada) versión cinematográfica volvieron a poner de moda, por decirlo de alguna forma, una temática que, desde los primeros textos del siglo XII hasta la novela Baudolino de Umberto Eco (2000), pasando por la ópera Parsifal de Richard Wagner (1882), la película Perceval le Gallois de Eric Rohmer (1978) pero también Indiana Jones y la última cruzada (1989) de Steven Spielberg, no ha dejado de interesar a escritores y creadores. A este renacer moderno de la temática del Grial contribuyen igualmente en gran medida algunos documentales que, sin ruborizarse, relacionan el Grial con diferentes aspectos históricos o no: los Templarios, los cátaros, María Magdalena, etc.; lo que ha contribuido también a variadas especulaciones esotéricas. Sin embargo, todas estas aproximaciones ignoran un detalle esencial: el carácter ficcional del Grial y del mundo al cual pertenece.
  2. En realidad, el autor se confunde aquí pues los versos citados remiten a San Juan (Epístola de San Juan 1, 4-16) y no a San Pablo.
  3. Se debe tener en cuenta igualmente que la palabra ’veissel’ (o ’vaissel’) en francés antiguo también designa una barca, significado que se podría poner en perspectiva con el futuro viaje marino del Grial hacia las tierras de Avalón, y con la figura del Rey Pescador.

 

Extraído y adaptado de: https://revistaperifrasis.uniandes.edu.co/index.php?option=com_content&view=article&id=74:los-origenes-del-grial-en-la-literatura-medieval-de-chretien-de-troyes-a-robert-de-boron-mario-martin-botero&catid=38:indice

Otros enlaces de interés:

Los orígenes del Grial en las leyendas artúricas: interpretaciones cristianas y visiones simbólicashttp://parnaseo.uv.es/Tirant/Butlleti.11/Art.2_Beltran_Grial.pdf

El cuento del Grial de Chrétien de Troyes: https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxzb25pZG95Y29sb3J8Z3g6MzI2YzgxYjBmYTU5NDk2OA

Cecilia Pérez Muskus

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